Tesis 1 - Todo lo que en el Antiguo Testamento está fuera del canon hebreo no es canónico, sino apócrifo: a saber, los siete capítulos añadidos al libro de Ester, el libro de Baruc, las adiciones a Daniel, el libro de Tobías, Judit, la Sabiduría de Salomón, el Eclesiástico o Jesús, hijo de Sirac, los libros de los Macabeos, etc.

MELITÓN DE SARDIS
"Puesto que muchas veces me has pedido, por el amor que tienes a la Palabra de Dios, que te saque testimonios de la Ley y de los Profetas acerca del Salvador y de nuestra fe, junto con un índice que muestre el orden o número de los libros del Antiguo Testamento, con gusto he cumplido tu solicitud, sabiendo cuánto afán de aprender hay en ti, cuánta devoción de fe, y que no antepones nada al deseo de la vida eterna. Debes saber, pues, que viajé hasta la región de Oriente, donde comenzó nuestra predicación, y donde sucedieron todas aquellas cosas que están escritas; y allí investigué diligentemente sobre todos los libros del Antiguo Testamento. Lo que allí descubrí con toda diligencia es lo siguiente: los cinco libros de Moisés: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio; luego Josué, Jueces, Rut, los cuatro libros de los Reyes, los dos Paralipómenos, los Salmos de David, los Proverbios de Salomón, lo que también se llama Sabiduría, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Job; y los profetas: Isaías, Jeremías, el libro único de los doce profetas menores, Daniel, Ezequiel, Esdras. De estos, pues, te he enviado selecciones (eklogás), es decir, testimonios extraídos, ordenados en seis libros." (Fragmento en Eusebio, Historia Eclesiástica 4.26)
ATANASIO DE ALEJANDRÍA
"Son, por tanto, veintidós los libros canónicos del Antiguo Testamento, igualando en número a las letras del alfabeto hebreo. Pues hay tantas letras en el alfabeto hebreo. Además de estos, hay otros libros del Antiguo Testamento que no son canónicos, los cuales solo se leen a los catecúmenos: La Sabiduría de Salomón, Ester (es decir, las adiciones al libro de Ester), Judit , Tobías. Estos son libros del Antiguo Testamento que no son canónicos. Sin embargo, algunos de los antiguos entre los hebreos dijeron que se consideraban canónicos el libro de Ester, asi como la historia de Rut, la cual se comprende junto con las historias de los Jueces en un solo libro. En cuanto a Ester (aquí se entiende por Ester los capítulos hebreos, que sin duda alguna son canónicos), se afirma que pertenece a otro volumen canónico, y así se quiere completar el número de los veintidós libros canónicos entre ellos." (Synopsis Scripturae Sacrae, 2)

"Estos son los manantiales de salvación, de los cuales el sediento puede sacar las palabras de vida; en estos solos se anuncia dichosa la enseñanza de la piedad. Nadie añada nada a estos, ni quite nada de ellos. De estos habló el Señor Cristo cuando refutaba a los saduceos, diciendo: ‘Erráis, no conociendo las Escrituras.’ A estas exhorta Cristo a los judíos: ‘Escudriñad las Escrituras, porque ellas dan testimonio de mí.’Pero, por mayor claridad, añadiré también lo siguiente, que es necesario: debes saber que hay también otros libros además de estos enumerados, que ciertamente no constituyen el canon, pero fueron propuestos por los Padres para ser leídos por aquellos que se inician y desean ser instruidos de forma sencilla en la palabra de piedad: la Sabiduría de Salomón, la Sabiduría de Sirac (Eclesiástico), Ester (aquí Atanasio se refiere a las adiciones al libro de Ester), Judit, Tobías, y la enseñanza llamada de los Apóstoles (la Didaché) y El Pastor (de Hermas)." (Epistola festal 39, 6-7)
SINODO DE LAODICEA
"No se debe permitir que en las iglesias se reciten salmos compuestos por personas no instruidas y vulgares, ni que se lean libros que están fuera del canon, sino únicamente los libros canónicos del Nuevo y del Antiguo Testamento. Los que deben ser leídos y recibidos con autoridad son estos: Génesis del mundo, Éxodo de Egipto, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, los cuatro libros de los Reyes, los dos libros de las Crónicas, los dos libros de Esdras, el libro de los 150 Salmos, los Proverbios de Salomón, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Job, Ester, los Doce Profetas (Oseas, Amós, Joel, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías), Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel.Y del Nuevo Testamento:Los cuatro evangelios (según Mateo, Marcos, Lucas y Juan), Hechos de los Apóstoles, las siete epístolas católicas (una de Santiago, dos de Pedro: primera y segunda; tres de Juan: primera, segunda y tercera; una de Judas), y las catorce epístolas del apóstol Pablo (a los Romanos, primera y segunda a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses, primera y segunda a los Tesalonicenses, primera y segunda a Timoteo, a Tito, a Filemón, a los Hebreos." (Canon 60)
JERÓNIMO
"Este prólogo de las Escrituras puede servir como principio acorazado para todos los libros que hemos traducido del hebreo al latín: para que podamos saber que todo lo que está fuera de estos debe colocarse entre los apócrifos. Por tanto, la Sabiduría que comúnmente se inscribe como de Salomón, y el libro de Jesús hijo de Sirac, y Judit, y Tobías, y el Pastor, no están en el canon. Encontré el primer libro de los Macabeos en hebreo: el segundo es griego; lo cual puede probarse también por la misma fraseología." (Prólogo Galeato)

"Se menciona también el libro de Panareto (Jesús hijo de Sirac), y otro pseudepígrafo que se titula Sabiduría de Salomón. Del primero encontré el texto hebreo: no llamado Eclesiástico como entre los latinos, sino titulado Parábolas, al que estaban unidos el Eclesiastés y el Cantar de los Cantares, para que igualara la semejanza de Salomón no solo en el número de libros, sino también en el género de la materia. El segundo no se encuentra en ninguna parte entre los hebreos, además de que su mismo estilo revela elocuencia griega: y algunos de los antiguos escritores afirman que es de Filón el Judío. Así pues, como la Iglesia lee ciertamente los libros de Judit, Tobías y los Macabeos, pero no los admite entre las Escrituras canónicas: de la misma manera, que lea también estos dos volúmenes para edificación del pueblo, no para confirmar la autoridad de las doctrinas eclesiásticas." (Prólogo a los libros de Salomón)
RUFINO
"Hay que saber que hay otros libros que no son canónicos, sino que los antiguos llamaron eclesiásticos: como la Sabiduría de Salomón y la otra Sabiduría del hijo de Sirac, libro que entre los latinos se llama con ese mismo término general de Eclesiástico, nombre que no proviene del autor del libro, sino de la cualidad de su escritura. De ese mismo orden son los libros de Tobías, Judit y los Macabeos. En el Nuevo Testamento, el libro que se llama el Pastor o de Hermas, también conocido como Dos Caminos o Juicio de Pedro. Todos estos libros, aunque se quería que fueran leídos en las iglesias, no se debían usar para establecer con autoridad los dogmas de la fe. En cambio, a los demás escritos se los llamó apócrifos, y no se quiso que se leyeran en las iglesias." (Exposición del Símbolo de los Apóstoles, 38)
EPIFANIO
"Ciertamente estos libros (Sabiduría y Eclesiástico) son útiles y provechosos, pero no se cuentan en el número de los expresamente dichos (es decir, de los libros canónicos), por lo cual tampoco fueron colocados en el arca del Testamento." (Sobre los pesos y medidas, 4)
ORÍGENES
"Debe observarse, dice, que hay veintidós libros en el canon del Antiguo Testamento, tal como los hebreos transmiten, según el número de elementos que ellos tienen. Estos son los veintidós libros según los hebreos: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, Reyes primero y segundo, es un solo libro para ellos, al que llaman Samuel. Asimismo, el tercero y cuarto es uno solo para ellos, al que llaman Reino de David. Crónicas primero y segundo se encuentran en uno solo, al que llaman Palabras de los Días. Esdras primero y segundo están en uno solo. Asimismo, el libro de los Salmos, los Proverbios de Salomón; y otro, Eclesiastés, y un tercero de este mismo el Cantar de los Cantares. También el libro de los doce profetas es uno solo: el profeta Isaías, Jeremías con Lamentaciones y la epístola, Daniel, Ezequiel, Job, Ester. Además, los libros de los Macabeos se consideran fuera de estos." (Fragmento en Eusebio, Historia Eclesiástica 6.25)
GREGORIO NACIANCENO
"En los oráculos divinos, siempre con lengua y mente. Volverás una y otra vez; pues Dios dio este esfuerzo de los trabajos, Y ver algo oculto, una pequeña luz; o esto es lo mejor, pura obediencia a los grandes mandatos de Dios. O, en tercer lugar, aparta la mente de las preocupaciones terrenales. Para que tu mente no sea robada por libros espurios. Pues muchas maldades interpoladas existen, Acepta de mí este número aprobado, amigo. Los libros históricos son doce en total, de la antigua sabiduría hebrea: Primero Génesis; luego Éxodo. Levítico también. Luego Números. Luego el segundo Deuteronomio. Después Josué, y Jueces, Rut el octavo. Y los libros noveno y décimo, los Hechos de los Reyes, y las Crónicas; por último, tienes a Esdras. En cuanto a los poéticos, son cinco, de los cuales el primero es Job. Después David (Salmos). Luego los tres de Salomón: Eclesiastés, Cantar de los Cantares y Proverbios. Y de la misma manera, cinco son los proféticos: En un solo volumen están los doce: Oseas, Amós y Miqueas el tercero. Después Joel, luego Jonás, Abdías. Nahúm también, Habacuc y Sofonías. Hageo, luego Zacarías, Malaquías. Este es uno. El segundo es Isaías. Luego el llamado Jeremías desde niño. Después Ezequiel, y la gracia de Daniel. Cuento, pues, veintidós de los libros antiguos, correspondientes a las letras hebreas. Ahora, sin embargo, enumero también los nuevos misterios: Mateo escribió sobre los milagros de Cristo para los hebreos. Marcos para Italia. Lucas para Acaya. Para todos, Juan, gran heraldo que camina por el cielo. Después los Hechos de los Sabios Apóstoles. Diez epístolas de Pablo, y cuatro. Siete católicas, de las cuales una de Santiago, dos de Pedro, y tres de Juan de nuevo. La de Judas es la séptima: las tienes todas. Sí algo está fuera de estas, no está entre las legítimas." (Carmina dogmatica, lib. 1, sect. 1, 12)
JUAN DAMASCENO
"Los libros que están llenos de toda doctrina de virtud, es decir, la Sabiduría de Salomón y la Sabiduría de Jesús, que el padre Sirac compuso en hebreo y el nieto de Jesús e hijo de Sirac interpretó al griego; estos libros son ciertamente eruditos, hermosos y honorables, pero no se cuentan entre los libros proféticos ni se guardaban en el arca." (Sobre la fe ortodoxa, lib. 14, cap. 17)

Objeciones

"Los Concilios de Hipona y Cartago decretaron el canon de las Escrituras incluyendo los deuterocanonicos."

• Estos concilios, en su decretos, califican estos libros de canónicos (es decir, que sirven de norma) en el sentido en que otros los llaman eclesiásticos, en oposición a los libros falsificados y que no merecen confianza. "No te inquietes, nuevo lector, si encuentras estos libros apócrifos entre los canónicos, ya sea en los concilios sagrados o entre los doctores sagrados. Las palabras de los concilios y los doctores deben interpretarse según la regla de Jerónimo. Según su carta a Cromazio y Heliodoro, estos libros (y si hay otros como ellos en el canon de la Biblia) no son canónicos, es decir, no son válidos para establecer las cosas que pertenecen a la fe. Sin embargo, pueden llamarse canónicos, es decir, válidos, para la edificación de los fieles, ya que son aceptados y autorizados en el canon de la Biblia. Con esta distinción, se pueden discernir las palabras de Agustín y los escritos del Concilio Provincial de Cartago." —Tomás Cayetano, Comentario a Ester, cap. 10
"En el Concilio de Roma de 382, Dámaso decretó el canon de las Escrituras incluyendo los deuterocanonicos."

• "La segunda sección (del Decreto Gelasiano) contiene un catálogo del Antiguo Testamento que incluye libros apócrifos y que, en opinión de algunos eruditos, representa un canon promulgado por Dámaso en el concilio de Roma en el año 382 d. C. Sin embargo, Epifanio, que participó en el concilio, solo unos años antes había respaldado un canon limitado a los veintidós libros de la Biblia hebrea, y es poco probable que se hubiera sumado a la alabanza como Escritura divina «que la Iglesia católica universal recibe» de libros que anteriormente había apartado como apócrifos. Más significativo aún es que el Decretum solo se conserva en una recopilación posterior de origen mixto, y es imposible saber cómo habría sido la lista en un documento original del siglo IV, si es que tal documento existió alguna vez. Por lo tanto, la lista no puede considerarse un testimonio fiable del canon recibido en Occidente en el siglo IV." —E. Earle Ellis, The Old Testament in Early Christianity, p. 26
"Jerónimo no habla del canon de los cristianos, sino del canon de los judíos."

• Las palabras de Jerónimo refutan claramente esa evasión. Pues Jerónimo dice: “La Iglesia lee los libros de Judit, Tobías y los Macabeos, pero no los recibe entre las Escrituras canónicas; así también lee esos dos volúmenes [Sabiduría y Eclesiástico], etc.”
"Segun Jeronimo, el Concilio de Nicea contó Judit entre las Sagradas Escrituras"

• Ser enumerado o leído junto con las Escrituras para una mejor edificación de las costumbres, y tener igual autoridad que ellas para resolver cualquier controversia relacionada con la fe, son dos cosas distintas. En el primer sentido, nosotros mismos recibimos el libro de Judit; en el segundo, ni san Jerónimo ni el Concilio de Nicea lo recibieron, de lo contrario, ¿por qué entonces el Concilio de Laodicea (celebrado cuarenta años después) lo rechazó? ¿O por qué Eusebio y Atanasio (quienes sabían mejor que nadie lo que se hizo en el Concilio de Nicea, en el cual participaron, más que cualquier otro) excluyeron tanto ese libro como todos los demás que el Concilio de Laodicea rechazó, del canon de las Escrituras recibido en la Iglesia desde el tiempo de los apóstoles hasta el suyo?
"Algunos Padres citaron testimonios de los libros deuterocanónicos; por tanto, poseen autoridad canónica."

• No se sigue. Los Padres con frecuencia alegan testimonios de otros libros sin que por ello deban considerarse canónicos. Así, Ireneo cita el Pastor de Hermas; Atanasio, Cipriano, Agustín y Ambrosio citan el Tercero de Esdras, etc. "Cuando se examinan los pasajes de los Padres de la Iglesia primitiva que supuestamente establecen la canonicidad de los apócrifos, se descubre que algunos de ellos provienen del texto griego alternativo de Esdras (1 Esdras) o de adiciones o apéndices a Daniel, Jeremías u otro libro canónico, los cuales (como vimos en las páginas 339-342) no son realmente relevantes; que otros no son citas de los apócrifos en absoluto; y que, de los que sí lo son, muchos no dan ninguna indicación de que el libro citado se considere Escritura." —Roger T. Beckwith, The Old Testament Canon of the New Testament Church, p. 387
"La Iglesia recibio el canon de la Septuaginta (LXX) que incluia los libros deuterocanonicos"

• La Septuaginta no era un canon, si no un proceso de traducción, que en la epoca de Cristo solo se limitaba al Pentateuco. "En la actualidad, los apócrifos están incluidos en los LXX, ya se trate del canon bíblico ortodoxo griego o de la edición manual estándar de la Septuaginta que se encuentra en las estanterías de la mayoría de los biblistas. Pero lo que es cierto hoy no lo era necesariamente en el siglo I. Fue Justino quien etiquetó por primera vez como LXX un libro fuera del Pentateuco. ¿Pensó Justino que los Setenta traductores también produjeron las versiones griegas de los libros apócrifos? No lo dijo." —Edmon L. Gallagher, Paul and the Septuagint Canon