Tesis 10 - Las controversias eclesiásticas, ya sean sobre la interpretación de la Escritura o sobre algún punto capital de la religión, no deben ser juzgadas ni decididas por los Padres ni por los Concilios, ni por decretos de los pontífices romanos, ni por tradiciones humanas; sino por la Sagrada Escritura.

AGUSTÍN
"¿Qué decís ante esto, ¡oh insensatos donatistas!, cuya vuelta a la paz y unidad de la santa Iglesia y cuya curación tan ardientemente deseamos? Vosotros acostumbráis a objetarnos la carta de Cipriano, la opinión de Cipriano, el concilio de Cipriano: ¿por qué os agarráis a la autoridad de Cipriano en pro de vuestro cisma y rechazáis su ejemplo en pro de la paz de la Iglesia? Pero ¿quién ignora que la santa Escritura canónica, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, está contenida en sus propios límites, y que debe ser antepuesta a todas las cartas posteriores de los obispos, de modo que a nadie le es permitido dudar o discutir sobre la verdad o rectitud de lo que consta está escrito en ella? En cambio, las cartas de los obispos, de ahora o de hace tiempo, pero cerrado ya el canon de la Escritura, pueden ser corregidas por la palabra quizá más sabia de alguien más perito en la materia, por una autoridad de más peso o la prudencia más avisada de otros obispos, o por un concilio, si en ellas se encuentra alguna desviación de la verdad. Incluso los mismos concilios celebrados en una región o provincia deben ceder sin vacilaciones a la autoridad de los concilios plenarios reunidos de todo el orbe cristiano. Y estos concilios plenarios a veces son corregidos por otros concilios posteriores, cuando mediante algún descubrimiento se pone de manifiesto lo que estaba oculto o se llega al conocimiento de lo que estaba oscuro. ¿Quién ignora que todo esto tiene lugar sin hinchazón alguna de sacrílega soberbia, sin arrogancia de cerviz altanera, sin emulación de lívida envidia, con santa humildad, con paz católica, con caridad cristiana?" (Tratado sobre el bautismo, lib. 2, 3.4)

"No te dediques, hermano, a recoger textos falsamente acusatorios contra tantos, tan claros e indudables testimonios divinos, en los escritos de los obispos, ni de los nuestros, como Hilario, ni de los anteriores al cisma de Donato, como Cipriano y Agripino. En primer lugar hay que distinguir este linaje de escritos de la autoridad del canon. Los mencionados autores no se alegan como testimonios a los cuales no sea lícito oponerse, si es que quizá se apartaron en algo de la verdad. Yo soy del número de ellos, y no juzgo indecoroso darme por aludido en aquella frase del Apóstol: Y si algo sabéis de otra manera, el Señor os lo revelará." (Carta 93, 10.35)

"No hemos de recibir los escritos de cualesquiera autores, aunque sean católicos y laudables, como las Escrituras canónicas: es lícito, salva siempre la reverencia que se debe a tales hombres, rechazar y refutar alguna de sus afirmaciones, si averiguamos que su opinión no está de acuerdo con la verdad, que otros han entendido con la ayuda divina o quizá entendemos nosotros. Así me comporto yo con los escritos ajenos y así quiero que los demás se comporten con los míos." (Carta 148, 15)

"No debo negar que tanto en mis costumbres como en mis libros hay mucho que puede ser censurado sin ninguna temeridad." (Del alma y su origen, lib. 4, 1.1)

"Nosotros no inferimos injuria alguna a Cipriano cuando distinguimos entre cualquiera de sus cartas y la autoridad de las Escrituras canónicas. No sin motivo está establecido con tan saludable vigilancia el canon eclesiástico, al cual pertenecen determinados libros de los Profetas y de los Apóstoles, que en modo alguno nos atrevemos a juzgar, y conforme a los cuales hemos de juzgar libremente sobre los otros escritos de los fieles o de los infieles." (Replica al gramático Cresconio, lib. 2, 31.39) [Nota4]

"No me veo atado por la autoridad de esta carta, ya que no tengo por canónicas las cartas de Cipriano, y las juzgo a tenor de los Libros canónicos; acepto con elogio lo que en ellas está de acuerdo con la autoridad de las divinas Escrituras y rechazo lo que no está. Por esto, si lo que citaste de su carta a Jubayano lo hubieses tomado de algún libro canónico de los Apóstoles o de los Profetas, no tendría nada en absoluto que replicar. Ahora bien, como no es canónico lo que citas, usando de la libertad a que nos llamó el Señor, no puedo admitir la opinión diferente de este varón, cuyo mérito no puedo alcanzar yo, a cuya multitud de escritos no comparo los míos, cuyo ingenio estimo, cuya palabra me encanta, cuya caridad admiro, cuyo martirio venero." (Replica al gramático Cresconio, lib. 2, 32.40)

"No quiero que sigas mi autoridad de modo que pienses que es necesario creer algo porque lo digo yo. Cree a las Escrituras canónicas, si todavía no ves cuán verdadero algo es, o cree a la Verdad, que te lo ilumina en tu interior para que lo veas perfectamente." (Carta 147, 2)

"Si va garantizado por una autoridad neta de las Sagradas Escrituras, de aquellas, digo, que se llaman canónicas en la Iglesia, sin duda alguna hay que crearlo. En cambio, puedes creer o no creer a los demás testigos y testimonios que te invitan a creer algo, según la importancia que tengan, a tu juicio, para merecer fe o no merecerla." (Carta 147, 4)

"Este prólogo mío no afronta la cuestión propuesta, pero te prepara a ti y a otros que leerán esto para juzgar mis escritos o los de cualquier otro." (Carta 147, 5)

"He querido presentar las opiniones de tan graves varones sobre un punto tan importante para que pienses que has de seguir la autoridad de cualquier hombre como la autoridad de la Escritura canónica." (Carta 147, 54)

"Ni yo debo recurrir al Concilio de Nicea ni tú al de Rímini, ni yo debo apoyarme en la autoridad de aquel Concilio ni tú en la de éste. Basados en la autoridad de las Escrituras, no en los testimonios propios de cada uno, sino en los comunes a los dos, hay que dejar que se enfrenten la materia con la materia, la causa con la causa y el razonamiento con el razonamiento." (Réplica a Maximino, lib. 2, 3)
ATANASIO
"En vano, dando rodeos, pretextan pedir Sínodos por la fe, cuando la divina Escritura es más poderosa (o suficiente) que todos." (De Synodis Arimini en Opera, ed. Commelin, p. 673)
JERÓNIMO
"Observad: «han nacido» y no «son». Eso es para asegurarse de que, con excepción de los apóstoles, todo lo demás que se diga después sea suprimido y no, más adelante, mantenga fuerza de autoridad." (Homilía 18 sobre los Salmos)
JUSTINO
"No hemos sido mandados por Cristo mismo a creer en tradiciones y doctrinas humanas, sino en aquellas que los bienaventurados profetas proclamaron y que el mismo Cristo transmitió." (Diálogo con Trifón, cap. 48 en Opera, ed. Schrey, p. 267)