Tesis 4 - La Sagrada Escritura transmite abierta, clara y manifiestamente todas las cosas que son necesarias para la salvación; es decir, toda la doctrina de la fe y de la vida cristiana necesarias para la salvación

DECLARACIÓN DE LA TESIS

No decimos que toda la Escritura sea en todas partes abierta, clara y manifiesta para nosotros; sino que toda la doctrina de la fe y de las buenas obras se transmite en la Escritura de manera abierta, clara y manifiesta.

AGUSTÍN
“El Espíritu Santo magnífica y saludablemente ordenó de tal modo las santas Escrituras, que, por los lugares claros, satisfizo nuestra hambre, y por los oscuros, nos desvaneció el fastidio. En verdad, casi nada sale a la luz de aquellos pasajes oscuros que no se halle ya dicho clarísimamente en otro lugar.” (De doctrina cristiana, lib. 2, cap. 6)

“En estos pasajes que con claridad ofrece la Escritura se encuentran todos aquellos preceptos pertenecientes a la fe y a las costumbres.” (De doctrina cristiana, lib. 2, cap. 9)

"Escojamos algunos textos claros y manifiestos, pues si éstos no se encontrasen en las divinas Escrituras, no habría manera de sacar a luz lo encerrado ni de esclarecer lo oscuro." (De la unidad de la Iglesia, 5.8)

"Porque es tal la profundidad de las Escrituras cristianas, que mi adelantamiento no tendría fin, aunque me ocupara en estudiarlas a ellas solas desde la primera infancia hasta la decrépita senectud, con holgura completa, con extremo afán y con mejor ingenio. [Pero] no es tanta la dificultad cuando se trata de saber las cosas que son necesarias para la salvación." (Carta 137, 1.3)

"En cuanto al estilo de expresión con que la Sagrada Escritura está compuesta, ¡cuán asequible es a todos, aunque a pocos es dado penetrar en ella! Como un amigo familiar, expresa sin rodeos al corazón de doctos e indoctos las verdades manifiestas que contiene. Pero aun esos misterios que oculta no los enreda con lenguaje orgulloso, a donde no se atreva a acercarse el entendimiento algo torpe o falto de preparación, como un pobre que se acerca a un rico. Por el contrario, invita a todos con humilde palabra, no sólo para nutrirlos con verdades manifiestas, sino también para ejercitarlos con verdades ocultas. Lo mismo nos dice en las expresiones claras que en las obscuras. Mas para que las verdades claras no engendren fastidio, las encubre, y así excita nuestro deseo. Así con el deseo se renuevan en cierto modo, y por la renovación nos resultan más íntimas y suaves. Por este medio, los ingenios malos se corrigen, los modestos se nutren, los grandes se deleitan y todo se hace saludablemente. Solo es enemiga de esta doctrina aquella alma que por error ignora que ésta es la doctrina salvadora o por enfermedad odia la medicina." (Carta 137, 5.18)
IRENEO
"Todas las Escrituras, los profetas y los Evangelios pueden ser comprendidos clara, inequívoca y armoniosamente por todos, aunque no todos crean en ellos." (Contra las herejías, lib. 2, cap. 27)
ATANASIO
"Si desenvuelves las Santas Letras y te detienes en ellas de manera legítima, encontrarás todo con mayor exactitud, plenitud y claridad de lo que yo hubiera podido expresar. Pues ellas fueron enunciadas y escritas por Dios mismo, por medio de hombres expertos en asuntos celestiales. Nosotros, después de haber aprendido de esos mismos maestros, que fueron a la vez teólogos y testigos de la divinidad de Cristo, te comunicamos ahora también a ti, deseoso de aprender." (De la Encarnación del Verbo, en Opera, ed. Commelin, p. 81)
JERÓNIMO
"Lo que la Escritura se lee para todos los pueblos, es con el fin de que todos entiendan. Lo que dice es esto: así como escribieron los Apóstoles, así también el mismo Señor, es decir, habló por medio de sus Evangelios, no para que pocos entendiesen, sino para que todos." (Homilia 18)

"En la Ley hay muchos preceptos que presentan tipos de lo futuro. Pero otros son claros, según lo que dice el salmista: «El mandamiento del Señor es luminoso, que ilumina los ojos.»"(Comentario a Mateo, cap. 23)
CLEMENTE DE ALEJANDRÍA
"De la misma manera que nosotros podíamos oír, estando atados a la carne, así se nos ha hablado oportunamente, el Señor acomodándose de manera saludable y descendiendo hasta la debilidad de los hombres." (Stromata, lib. 2, cap. 16)
CONSTANTINO MAGNO
"Los libros Evangélicos y Apostólicos, y también los oráculos de los antiguos profetas, nos instruyen con claridad en lo que debemos pensar acerca de la divinidad. Por tanto, depuesta la discordia hostil, tomemos de las palabras divinamente inspiradas la solución de las cuestiones disputadas." (Fragmento en Teodoreto, Historia Eclesiástica 1.6)

"Nos es necesario recibir de la divina Ley una demostración clara de este asunto." (Fragmento en Gelasio de Cízico, Actas del Concilio de Nicea 2.7)
CRISOSTOMO
"Todas las cosas están claras y manifiestas en las divinas Escrituras; todo lo que es necesario, es manifiesto." (Homilía 3 sobre Segunda de Tesalonicenses)

"¿Qué, pues —dicen—, si no entendemos lo que está contenido en los libros? En gran manera, aunque no entiendas lo que allí está escondido, sin embargo, de la sola lectura nace mucha santidad. Y en verdad, no puede suceder que ignores todo por igual. Pues la gracia del Espíritu ha dispuesto y moderado aquello, para que publicanos, pescadores, fabricantes de tiendas, pastores y apóstoles, hombres sencillos e iletrados, por medio de estos libros fuesen salvados, y para que ninguno de los indoctos pudiera recurrir a la dificultad como excusa; sino que todo lo que allí se dice fuese fácil de ver, de modo que también un artesano, un siervo, una viuda, y el más ignorante de los hombres obtuviese de la lectura escuchada algún provecho y utilidad. Porque todas estas cosas no fueron compuestas para vana gloria, como los gentiles, sino para la salvación de los oyentes, a quienes desde el principio Dios se dignó comunicar la gracia del Espíritu.

En efecto, los filósofos ajenos a Cristo, artificiosos en hablar, retóricos y escritores de libros, no buscan lo que es de provecho común, sino miran a esto: que ellos mismos sean admirados; y aun cuando digan algo útil, esto también lo ocultan con oscuridad, como en cierta niebla de sabiduría acostumbrada para ellos. Los Apóstoles y los Profetas hicieron todo lo contrario: expusieron todas las cosas manifiestas y claras, poniéndolas de relieve para todos, como maestros comunes del mundo, para que cada uno por sí mismo pudiese aprender lo que se dice, de la sola lectura. Y esto lo había anunciado antes el Profeta cuando decía: ‘Y todos serán enseñados por Dios, y no dirá cada uno a su prójimo: conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos.’ Y Pablo dice: ‘Y yo, hermanos, cuando vine a vosotros, no vine con excelencia de palabras o de sabiduría anunciándoos el misterio de Dios.’ Y otra vez: ‘Mi palabra y mi predicación no consistieron en palabras persuasivas de sabiduría humana, sino en demostración del Espíritu y de poder.’ Y otra vez: ‘Hablamos sabiduría, no de este siglo ni de los príncipes de este siglo, que se corrompen.’

Pues ¿qué cosa de cuanto está escrito en el Evangelio no es manifiesta? ¿Y quién, oyendo “bienaventurados los mansos, bienaventurados los misericordiosos, bienaventurados los limpios de corazón”, y otras semejantes, necesitará de maestro para aprender algo de lo que se dice? Además, ¿las señales, milagros e historias, no son claras y manifiestas para cualquiera? Esa es mera excusa, un pretexto y un velo de pereza. No entiendes lo que está contenido: ¿cómo podrás alguna vez entender, si ni siquiera quieres mirarlo superficialmente? Toma, pues, el libro en tus manos, lee toda la historia, y reteniendo en la memoria lo que es claro, repasa frecuentemente lo que es oscuro y poco manifiesto, etc." (Discursos sobre Lazaro, 3)

"Pero, ¿qué dice la multitud? No oigo lo que se lee, dice uno, ni sé cuáles son las palabras que se pronuncian. Porque hacéis tumulto y confusión, porque no venís con alma reverente. ¿Qué decís? No sé qué cosas se dicen. Pues bien, por esta misma razón debes prestar atención. Pero si ni siquiera la oscuridad conmueve tu alma, mucho más si las cosas fueran claras las pasarías por alto. Sí, esta es la razón por la que no todas las cosas son claras, para que no caigas en la indolencia; ni todas oscuras, para que no desesperes. Y mientras que aquel eunuco y bárbaro (Hechos 8:20) no decía nada de esto, sino que, rodeado como estaba de una multitud de asuntos tan importantes y en su viaje, tenía un libro en las manos y leía: ¿tú, que abundas en maestros y tienes a otros que te leen en privado, me alegas tus excusas y pretextos? ¿No sabéis lo que se dice? Entonces, orad para que podáis aprender, pero es imposible ignorarlo todo. Porque muchas cosas son evidentes y claras por sí mismas." (Homilía 36 sobre la Primera Epístola a los Corintios, 9)
EPIFANIO
"Todo es claro en la divina Escritura para quienes quieren acercarse a la palabra divina con piadosa reflexión, y no han concebido en sí mismos la operación diabólica ni se esfuerzan en precipitarse en los abismos de la muerte." (Panarion, 76)
JERÓNIMO
"Dios nos dio la Ley y los testimonios de las Escrituras: los cuales, si no los siguiereis, no tendréis luz, sino que siempre las tinieblas os oprimirán." (Comentario sobre Isaías, cap. 8)
HILARIO
"Con cuánta simplicidad de palabras pudo el Señor expresar la fe evangélica, y en qué medida acomodó sus discursos a nuestra comprensión, en la medida en que lo soportaba la debilidad de nuestra naturaleza, no obstante sin que por ello se dijese nada indigno de la majestad de su naturaleza." (Sobre la Trinidad, lib. 9, 40)