Tesis 6 - La Sagrada Escritura no debe ser interpretada a partir de los Padres, ni la interpretación de la Escritura debe ser juzgada por los Padres; es decir, los Padres no son la norma de la interpretación de la Sagrada Escritura. Porque los escritos de todos los Padres deben ser examinados y juzgados a partir de la Sagrada Escritura. Y lo que se dice de cada Padre en particular, debe entenderse también de todos en conjunto y aun de los Concilios.
ATANASIO "Si estudias las Sagradas Escrituras y te aplicas a ellas con una mente recta, comprenderás todo de manera más exacta, completa y clara de lo que yo hubiera podido expresar. Pues estas fueron enunciadas por el mismo Dios y escritas por hombres expertos en asuntos celestiales." (De incarnatione Verbi Dei en Opera, ed. Commelin, p. 81)
AGUSTÍN "No utilices mis escritos cual si fueran las Escrituras canónicas; en estas cree sin vacilar si comprendes ahora lo que antes ignorabas; en aquellas suspende tu juicio, a no ser que lo incierto pase a ser en ti certeza." (Sobre la Trinidad, lib. 3, 2)
"Confieso a tu caridad que sólo a aquellos libros de las Escrituras que se llaman canónicos he aprendido a ofrendar esa reverencia y acatamiento, hasta el punto de creer con absoluta certidumbre que ninguno de sus autores se equivocó al escribir. Si algo me ofende en tales escritos, porque me parece contrario a la verdad, no dudo en afirmar o que el códice tiene una errata, o que el traductor no ha comprendido lo que estaba escrito, o que yo no lo entiendo. Mas, cuando leo a los demás autores, aunque se destaquen por la mayor santidad y sabiduría, no admito que su opinión sea verdadera porque ellos la exponen, sino porque lograron convencerme, recurriendo a los autores canónicos o a una razón probable que sea compatible con la verdad." (Carta 82, 1.3)
"Vamos, pues, a dejar a un lado las acusaciones que mutuamente nos estamos lanzando, no tomadas precisamente de los Libros divinos canónicos, sino de otra parte." (Sobre la unidad de la Iglesia, 3.5)
"No sin motivo está establecido con tan saludable vigilancia el canon eclesiástico, al cual pertenecen determinados libros de los Profetas y de los Apóstoles, que en modo alguno nos atrevemos a juzgar, y conforme a los cuales hemos de juzgar libremente sobre los otros escritos de los fieles o de los infieles." (Replica al gramático Cresconio, lib. 2, 31.39)
"Desearía que nadie abrazara todas mis opiniones hasta el punto de seguirme, excepto en aquellas cosas en las que vea que no he errado. Porque ahora estoy escribiendo tratados en los que me he dedicado a revisar mis propias obras, con el fin de demostrar que ni siquiera yo mismo me he seguido en todo; pero creo que, con la misericordia de Dios, he escrito progresivamente, y no he comenzado desde la perfección; ya que, en realidad, hablo con más arrogancia que verdad si digo que, incluso ahora, en mi edad, he alcanzado la perfección, sin ningún error en lo que escribo. Pero la diferencia está en el alcance y el objeto del error, y en la facilidad con que cualquiera lo corrige, o en la pertinacia con que uno se esfuerza por defender su error. Ciertamente, hay buenas esperanzas para aquel hombre al que el último día de esta vida encuentre tan progresado que todo lo que le faltaba para su progreso se le pueda añadir, y que se le juzgue más bien como necesitado de perfeccionamiento que de castigo." (Tratado sobre el don de la perseverancia, lib. 2, cap. 55)
"Pero ¿quién ignora que la santa Escritura canónica, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, está contenida en sus propios límites, y que debe ser antepuesta a todas las cartas posteriores de los obispos, de modo que a nadie le es permitido dudar o discutir sobre la verdad o rectitud de lo que consta está escrito en ella? En cambio, las cartas de los obispos, de ahora o de hace tiempo, pero cerrado ya el canon de la Escritura, pueden ser corregidas por la palabra quizá más sabia de alguien más perito en la materia, por una autoridad de más peso o la prudencia más avisada de otros obispos, o por un concilio, si en ellas se encuentra alguna desviación de la verdad. Incluso los mismos concilios celebrados en una región o provincia deben ceder sin vacilaciones a la autoridad de los concilios plenarios reunidos de todo el orbe cristiano. Y estos concilios plenarios a veces son corregidos por otros concilios posteriores, cuando mediante algún descubrimiento se pone de manifiesto lo que estaba oculto o se llega al conocimiento de lo que estaba oscuro. ¿Quién ignora que todo esto tiene lugar sin hinchazón alguna de sacrílega soberbia, sin arrogancia de cerviz altanera, sin emulación de lívida envidia, con santa humildad, con paz católica, con caridad cristiana?" (Tratado sobre el bautismo, lib. 2, 3.4)