Tesis 9 - La Sagrada Escritura, o Cristo, o Dios que habla en la Sagrada Escritura, es juez de las interpretaciones de la Escritura y de las controversias de la religión: porque la Sagrada Escritura es la palabra de Cristo, es la palabra de Dios.

BASILIO
"Dejemos que la Escritura inspirada por Dios decida entre nosotros; y de cualquier lado que se encuentren doctrinas en armonía con la palabra de Dios, a favor de ese lado se emitirá el voto de la verdad." (Carta 189, 3)
CONSTANTINO
"Los libros Evangélicos y Apostólicos, y también los oráculos de los antiguos profetas, nos instruyen con claridad en lo que debemos pensar acerca de la divinidad. Por tanto, depuesta la discordia hostil, tomemos de las palabras divinamente inspiradas la solución de las cuestiones disputadas." (Fragmento en Teodoreto, Historia Eclesiástica 1.6)
AMBROSIO
"Niegan (los arrianos) que Cristo sea uno con el Padre en divinidad. ¡Que borren, pues, el Evangelio, que borren la voz de Cristo! Pues Él mismo dijo: Yo y el Padre somos uno. No lo digo yo: lo dijo Cristo." (Exposición de la fe cristiana, lib. 1, cap. 5, 40)

"No quisiera que vuestra sagrada Majestad confiara en los argumentos y en nuestras disputas. Preguntemos a las Escrituras, a los apóstoles, a los profetas, a Cristo. En una palabra, preguntemos al Padre, Cuyo honor estos hombres dicen defender." (Exposición de la fe cristiana, lib. 1, cap. 6, 43)
AGUSTÍN
"Sobre la creación del mundo por Dios, en nadie creemos con más seguridad que en el mismo Dios. ¿Y dónde le hemos oído? En parte alguna mejor que en las Sagradas Escrituras, donde dijo un profeta: Al principio creó Dios el cielo y la tierra." (La ciudad de Dios, lib. 11, 4.1)

"Dejemos ya de escuchar "tú dices esto", "yo digo esto otro", y digamos: "Esto dice el Señor". Ciertamente hay Libros del Señor cuya autoridad aceptamos unos y otros; ante la cual, unos y otros cedemos, a la cual unos y otros servimos. Busquemos en ellos la Iglesia, discutamos nuestra causa apoyándonos en ellos." (Sobre la unidad de la Iglesia, 3.5)

"Nuestra discusión con los donatistas no se refiere a la Cabeza, sino al Cuerpo; es decir, no trata de la Cabeza, sino del Cuerpo; esto es, no del mismo Salvador Jesucristo, sino de su Iglesia, sea la misma Cabeza, en la que estamos de acuerdo, la que nos muestre su Cuerpo, sobre el cual disentimos, a fin de que por sus palabras dejemos ya de hacerlo." (Sobre la unidad de la Iglesia, 4.7)

"Escuchemos al respecto la voz del mismo Verbo expresada por su propia boca de carne (…) Pero si aún dicen que son oscuros los textos, escuchemos a la misma Cabeza, quien, siendo veraz en extremo, nos señala su Cuerpo. (…) Les bastaría sin duda a los cristianos que el mismo Cristo hubiese dicho." (Sobre la unidad de la Iglesia, 10.24, 25)

"Adhirámonos, pues, a la Iglesia designada por la boca del Señor (…) Cuando se oyen las últimas palabras de un moribundo que se despide de esta vida, a nadie se le ocurre decir que miente, y se le tiene por impío al heredero que tal vez las menosprecia. ¿Cómo, pues, podremos evitar la ira de Dios si, por falta de fe o por menosprecio, rechazamos las últimas palabras del Hijo único de Dios, de nuestro Señor y Salvador, que está para ir al cielo y que ha de mirar desde allí quién las menosprecia, quién las observa, y que desde allí ha de venir para juzgar a todos? Poseo la voz bien clara de mi Pastor, que me encarece y describe sin rodeos su Iglesia. A mí me reprocharía que, seducido por las palabras de los hombres, me apartara voluntariamente de su rebaño que es la Iglesia misma, sobre todo después que me ha advertido: Mis ovejas oyen mi voz y me siguen. Ahí está su voz clara y nítida. Quien no le sigue después de oírla, ¿cómo osará decir que es su oveja?" (Sobre la unidad de la Iglesia, 10.25, 11.28)

"No sin motivo está establecido con tan saludable vigilancia el canon eclesiástico, al cual pertenecen determinados libros de los Profetas y de los Apóstoles, que en modo alguno nos atrevemos a juzgar, y conforme a los cuales hemos de juzgar libremente sobre los otros escritos de los fieles o de los infieles." (Replica al gramático Cresconio, lib. 2, 31.39)

"Esta controversia reclama un juez. ¡Que juzgue Cristo y que nos diga a quién ha aprovechado su muerte como reo! Dice: Esta es mi sangre, que será derramada por muchos para remisión de los pecados. ¡Que el Apóstol juzgue al mismo tiempo que él, porque el mismo Cristo en persona habla también en el Apóstol! Grita y dice a propósito de Dios Padre que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros." (El matrimonio y la concupiscencia, lib. 2, 33.56)

"Nosotros les insistimos (a los herejes): Mirad que Cristo dijo (...) Quitemos de en medio nuestros escritos, y que el centro lo ocupe el libro de Dios. Escucha a Cristo que habla, escucha a la verdad." (Exposición del Salmo 57, 6)

"Si buscas, pues, a aquel que primero te buscó a ti, y te has hecho oveja suya, y escuchas la voz de tu pastor y lo sigues, presta atención a lo que te da a conocer de sí mismo y de su propio cuerpo, no vayas a equivocarte ni sobre él, ni sobre la Iglesia; no sea que alguien te diga: ése es Cristo, pero en realidad no lo es; o te diga que es la Iglesia lo que no lo es. Muchos dijeron que Cristo no asumió la carne, y por tanto que no resucitó en su cuerpo. Desecha estas voces. Oye la voz del mismo pastor que se vistió de carne, para buscar la carne perdida. Resucitó y dijo: Palpad y ved que un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Se te ha manifestado; sigue su voz. Te manifestó también a la Iglesia; que no venga alguien y te engañe llamando Iglesia lo que no lo es; dice él: Era necesario que Cristo padeciese y resucitase de entre los muertos al tercer día, y que se predicara en su nombre la conversión y el perdón de los pecados por todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Aquí tienes la voz de tu pastor; no vayas a seguir la voz de pastores extraños." (Exposición del Salmo 69, 6)
OPTATO
"¿Después de la Trinidad, dentro de la misma Trinidad, se puede de nuevo hacer esto? Vosotros decís: se puede; nosotros decimos: no se puede. Entre vuestro “se puede” y nuestro “no se puede” vacilan y fluctúan las almas de los pueblos. Se necesitan jueces. Si son cristianos, no pueden darse de ambas partes, porque el partidismo impide la verdad. El juez debe buscarse fuera. Si es pagano, no puede conocer los misterios cristianos; si es judío, es enemigo del bautismo cristiano. Luego en la tierra no podrá hallarse juicio alguno sobre esto (habla Optato del juicio supremo, no del ministerial). Debe buscarse el juez en el cielo. Pero, ¿para qué llamar al cielo, cuando tenemos aquí en el Evangelio el Testamento? Porque con razón pueden compararse aquí las cosas terrenas con las celestiales: así como todo hombre que tiene muchos hijos, mientras el padre está presente, él mismo manda a cada uno; todavía no es necesario el testamento. Así también Cristo, mientras estuvo presente en la tierra (aunque aún ahora tampoco falta), dio por entonces a los Apóstoles los mandatos necesarios. Pero así como el padre terreno, cuando se siente cercano a la muerte, temiendo que después de su partida se rompa la paz y litiguen los hermanos, llama testigos y transfiere su voluntad del pecho que va a morir a unas tablas que durarán largo tiempo, y si se suscita disputa entre los hermanos no se recurre al sepulcro, sino que se consulta el testamento, y el que reposa en el sepulcro habla silenciosamente pero vivo desde las tablas; así también aquel cuyo es el Testamento, está en el cielo: luego su voluntad, como en testamento, debe buscarse en el Evangelio. Porque Cristo había previsto ya las cosas presentes que ahora hacéis." (Contra los donatistas, lib. 5, 3)
JERÓNIMO
"En su registro de los pueblos el Señor hablará de los que han nacido en ella. Ahora bien, el salmo no dice «los que están nacidos en ella», sino «los que han nacido en ella». El Señor hablará. ¿Cómo hablará? No de palabra, sino en sus escritos. ¿En los escritos de quién? De los pueblos. Eso no basta, porque también habla de los príncipes. ¿Y qué príncipes? ¿Los que nacen en ella? (esto es, en la Iglesia o ciudad de Dios). No, no dice eso, sino: los que han nacido en ella. Ved, pues, cómo la Sagrada Escritura está llena de misterios. No, no dijo eso; sino: «los que han nacido en ella». ¡Fijaos cuán llena de sentido místico está la Sagrada Escritura! Hemos leído al apóstol Pablo; hemos leído a Pedro; y hemos leído las palabras de Pablo: «¿Buscáis una prueba del Cristo que habla en mí? Lo que dice Pablo, lo dice Cristo, porque: “El que os recibe, a mí me recibe.”» Nuestro Señor y Salvador, por tanto, nos habla en los escritos de Sus príncipes.En su registro de los pueblos el Señor hablará: en los escritos sagrados, en Su Escritura que se lee a todos los pueblos para que todos lo sepan. Así han escrito los apóstoles; así el Señor mismo ha hablado, no meramente para unos pocos, sino para que todos puedan saber y entender. Platón escribió libros, pero no escribió para todo el pueblo sino sólo para unos pocos, pues no hay muchos más que dos o tres hombres que lo conozcan. Pero los príncipes de la Iglesia y los príncipes de Cristo no escribieron sólo para unos pocos, sino para todos sin excepción. «Y príncipes»: los apóstoles y los evangelistas. De los que han nacido en ella. Observad: «han nacido» y no «son». Eso es para asegurarse de que, con excepción de los apóstoles, todo lo demás que se diga después sea suprimido y no, más adelante, mantenga fuerza de autoridad (a saber, la divina y canónica que seguimos en materia de religión)." (Homilía 18 sobre el Salmo 87)
IGNACIO
"Jesucristo es para mí los archivos; y no querer oírlo es ruina manifiesta (...) Buenos son los sacerdotes y los ministros de la palabra; pero mejor es el Sumo Pontífice, a quien se han confiado los santos de los santos. Buenas son aquellas virtudes ministeriales de Dios; santo es el Paráclito, y santo el Verbo, el Hijo del Padre, por quien el Padre hizo y gobierna todas las cosas. Él es el camino que lleva al Padre, la piedra, el muro, la llave, el pastor, la víctima, la puerta de la sabiduría, por la cual entraron Abraham, Isaac, Jacob, Moisés y todo el coro de los Profetas, y las columnas del mundo, los Apóstoles, y la Esposa de Cristo, por la cual derramó en arras su propia sangre, para redimirla." (Epístola a los filadelfianos en Epistolae, ed. Platini, p. 37)
JUSTINO
"A nosotros Él nos ha revelado cuanto por su gracia hemos entendido de las Escrituras." (Dialogo con Trifon, 100)
IRENEO
"El Hijo, administrando todas las cosas al Padre, las perfecciona desde el principio hasta el fin; y sin él nadie puede conocer a Dios. Pues el conocimiento del Padre es el Hijo, y el conocimiento del Hijo es revelado en el Padre y por el Hijo. Y por esto el Señor decía: Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quisiere revelar." (Contra las herejias, lib. 4, cap. 6, 7)
CIPRIANO
"Si solo Cristo ha de ser escuchado, no debemos atender a lo que alguno antes de nosotros haya pensado que debía hacerse, sino a lo que Cristo, que es antes que todos, primero hizo. Porque no debemos seguir la costumbre de los hombres, sino la verdad de Dios; ya que por Isaías el Profeta habla Dios y dice: En vano me honran, enseñando doctrinas y mandamientos de hombres." (Carta 62, 14)
TERTULIANO
"No necesitamos curiosidad tras Cristo Jesús, ni investigación tras el Evangelio. Cuando creemos, no deseamos creer más. Pues creemos primero que no es necesario creer más allá de lo que ya creemos." (Prescripción contra los herejes, cap. 7)